Testimonio

Una de las experiencias más gratificantes de mi vida…

El verano pasado tuve la suerte de viajar a Perú para trabajar como voluntaria. Una de las experiencias más gratificantes de mi vida. Llegué a Requena el 29 de Junio, donde me estaba esperando el Hno. Juan. Con paciente amabilidad me mostró la labor que desarrollan aquí; colegios, policlínico, acción pastoral… demasiado trabajo para tan pocas personas.

Hileras de casas de madera, niños (llamativamente pequeños) descalzos caminando solos por la calle, basura acumulada… la imagen era impactante. Pero, para mi asombro aquellas personas con  las que nos fuimos cruzando en mi primer contacto con la ciudad, parecían felices, nos saludaban con una sonrisa y sin rastro de tristeza o preocupación en sus caras.

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Con esta realidad ante tus ojos te preguntas qué oportunidades tienen estas personas en la vida. Y te das cuenta de la gran obra que realizan los misioneros, religiosos que  entregan su existencia para que estas familias tengan una vida un poco más digna. Y el esfuerzo llevado a cabo por la ONG Hesed Perú para financiar diferentes proyectos y becas para que los niños estudien.

Por las mañanas colaboraba en el Centro Santa Catalina, un colegio entrañable donde los niños, todas las mañanas te reciben y se despiden con besos y abrazos. Las tardes de los martes y los jueves las destinamos a formación del profesorado, donde pudimos intercambiar experiencias y conocimientos.
Mi llegada coincidió con el inicio del proyecto de la Campaña Compartir que atendía a los más necesitados. De este modo, comenzamos a impartir clases tres tardes a la semana en la sala de espera del policlínico, nunca desempeñé mi labor docente en un sitio tan original, pero está comprobado; con ilusión y ganas (como demostraban Merita y la Hna. Esperanza), todo se puede. Comenzamos las clases con 12 niños y terminamos siendo 24, nunca tuve el mismo número de alumnos, unos iban, otros venían. Pero allí, las cosas son así y como bien aprendí no puedes intentar cambiarlas, solo adaptarte y acompañarles en su día a día.

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Fueron muchos momentos compartidos; la catequesis de los domingos, los ensayos del coro, la hospitalidad de los Hnos. de la Salle, los viajes a otras localidades como Bretaña, San Carlos o Jenaro Herrera, donde disfrutamos de la imponente belleza de la selva peruana.

Una vivencia como esta, te aterriza los pies sobre la tierra, descubres lo afortunada que has sido en la vida, lo poco que se necesita para vivir y ser feliz y  te avergüenzas de las necesidades tan absurdas que te has creado. Cuando te planteas un voluntariado, tu objetivo es ayudar, enseñar… y al final te llevas más de lo que dejas, te dan más de lo que ofreces.

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Por eso, quiero agradecer a la ciudad de Requena su acogida y al Hno. Juan su atención y preocupación por mí durante la estancia, no me cansaré de decir la labor tan maravillosa y admirable que realizas.
Fue una gran alegría reencontrarme contigo el pasado 3 de junio, en la cena solidaria de Hesed Perú, en Carcaixent. Emocionaba ver la ilusión de socios y amigos de la ONG en la organización del evento, todo el mundo colaboraba en los preparativos. Pasamos una velada muy agradable. Gracias por invitarnos a participar en ella.


Laura Garcia

54 días en Requena

Puede parecer el título de una película, pero no es una película, sino el tiempo transcurrido en la misión de Requena, para llevar a cabo el trabajo pastoral, evangelizador y ministerial durante la ausencia del Hno Juan, Obispo del Vicariato, con motivo de la visita “ad limina” a Roma y de unos días de descanso en su tierra.

Volver de nuevo al Vicariato de Requena y concretamente a la misión de Requena, después de casi tres años, para llevar a cabo esa suplencia era motivo de satisfacción y al mismo tiempo de agradecimiento. Conocía el ambiente, la realidad socio-cultural-religiosa, por lo que no me fue difícil habituarme a la dinámica del trabajo, similar a la de hace tres años. Las indicaciones del Hermano Juan, me pusieron al tanto de las actividades para poder realizarlas con ánimo y entusiasmo, como así fue, acompañado de las religiosas, de los Hermanos de la Salle y del grupo dinámico de jóvenes y seglares.

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Las celebraciones litúrgicas, las diversas reuniones para preparar la Vigilia de Pentecostés, la fiesta de San Antonio, patrono de la parroquia y del colegio, incluida la bendición de los panes, la procesión del Corpus Christi, las clases de formación teológica, los diversos encuentros y reuniones con padres y niños de catequesis, también la parrillada y otras actividades, entre ellas la limpieza de la casa, la revisión de algunos documentos y revistas para la elaboración de un trabajo, sin faltar por supuesto el tiempo dedicado a la oración,  hicieron que el tiempo transcurriese rápidamente.

No puedo dejar de citar la limpieza de la iglesia-catedral todos los sábados de cinco menos cuarto de la mañana hasta las seis aproximadamente, trabajo que desde hace algunos años viene realizando el Hermano Juan,  junto a un grupo numeroso de docentes y estudiantes de los Institutos Pedagógico y Tecnológico y lo cito porque llama la atención ¿Qué Obispo de la Iglesia Católica está limpiando la iglesia a las cinco de la mañana?  ¿Conocen alguno? Pues el del Vicariato de Requena lo hace y yo continué haciendo esa tarea.

Indudablemente que la vida del misionero no solo ambiental, sino sobre todo cristiana y religiosa tiene muchas ventajas en el ámbito geográfico de la selva amazónica y en concreto en el Vicariato de Requena, inmenso territorio de 80.000 Km y escasa presencia de misioneros sacerdotes (6). La libertad de acción en los diversos campos del ámbito religioso hace la vida, incluida la religiosa, más dinámica y más comprometida y yo diría que hasta más cercana y más intensa con Dios, con los hombres y hasta con la misma naturaleza.

La ausencia de compañía fraterna se compensa con la comunicación telefónica con los otros misioneros algunos distantes a 56 horas de lancha, y el paso de alguno de ellos por la misión, supone un verdadero encuentro fraterno, y la constante preocupación  y comunicación del Obispo hace que la vida del misionero sea una experiencia fraterna.

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De mi experiencia de misionero he acuñado esta frase que responde a la experiencia personal: “Cuando yo vivía solo, no estaba solo, ahora que no vivo solo, estoy solo”

Decir Vicariato de Requena, misiones, es hacer referencia a misioneros, religiosas, religiosos, laicos, gentes con nombres concretos que no sólo evangelizan, sino que también son evangelizados y si no que lo digan también los voluntarios, no sólo los que coincidimos 20 días en Requena, sino también todos aquellos que cada verano llegan al Vicariato para prestar un servicio.

A mi marcha de Cehegin, además de ánimo y entusiasmo misionero pesaba 85,1 Kilogramos, a mi retorno, después de poco más de dos meses de ausencia pesaba 66,5 kilogramos. Había dejado allí un bagaje material, fruto también, ente otras cosas, del ejercicio diario de subir escaleras con cubos de agua, debido a fallas en el depósito de almacenamiento de agua de lluvia   y de una infección que prácticamente me acompañó todo el tiempo, pero con la satisfacción de poder decir ¡MISION CUMPLIDA!

Me sugirieron que escribiese algunas notas sobre esta experiencia misionera y aquí está. ¡ANIMO A TODOS LOS MISIONEROS, AGENTES PASTORALES Y VOLUNTARIOS QUE TIENEN COMO CENTRO DE IRRADACION EVANGELICA EL VICARIATO DE REQUENA!

Fr. Lorenzo García Alonso OFM
Cehegin 17 de julio 2017