Laudato si'. Desde Requena

El día 24 de mayo de 2015, Solemnidad de Pentecostés, el Papa Francisco nos regaló un bello texto, la Encíclica Laudato si. Texto que comienza con estas palabras: “«Laudato si’, mi Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba»”.

En este texto comprendimos que el Papa hacía un llamado urgente a emprender la misión de salvar a nuestro planeta, más aún la creación, la obra de Dios, y que para eso hemos de renovar nuestra relación con Dios y con todos los hombres, pues formamos una sola familia que habita en una casa común.
Ante la urgente necesidad de abordar el tema de la ecología como un imperativo de nuestra fe cristiana, y el llamado de conversión y reflexión que nos hizo el Papa Francisco, el Vicariato de Requena y, más específicamente, la Parroquia San Antonio de Padua de Requena, tuvo la iniciativa, desde nuestro obispo, el hermano Juan, juntamente con los estudiantes de teología, de realizar una presentación de la estructura y el tema central de la Encíclica dirigida a la comunidad cristiana de Requena y a cuantos tuvieran interés de analizar y profundizar las enseñanzas del Papa sobre nuestra Casa Común, la Tierra. La presentación tuvo lugar en la Catedral y la asistencia fue muy numerosa, hasta con los medios de comunicación de nuestra Ciudad. Como punto de partida, ofrecimos unas muestras de la situación del tema en nuestras calles, quebradas, puerto, etc.

Pero el deseo de expandir el conocimiento sobre esta Encíclica era grande, nos parecía de interés vital en nuestro medio y para todos nosotros. Por ello este tema fue incorporado en las programaciones pedagógicas de los docentes del Área de Educación Religiosa, para ser tratado por los estudiantes de las diferentes Instituciones Educativas de nuestra Provincia. Utilizamos con este fin una publicación muy didáctica que realizó CEAS (Comisión Episcopal de Acción Social), y que nosotros adquirimos para los estudiantes como texto base.

La Encíclica causó mucho interés en los jóvenes estudiantes y, también en los profesores, llevándolos a ejecutar una serie de actividades, como la elaboración de un periódico mural, trípticos, exposiciones, diapositivas y, a la luz de la Encíclica, un análisis de los problemas ambientales de nuestra Ciudad y qué alternativas de solución podemos plantear para contrarrestar dichos problemas.

El tema de la Encíclica “Laudato Si” estuvo presente todo el año lectivo 2016 en las programaciones curriculares, y que fue considerado como tema transversal del área.

Fue una rica experiencia interiorizar con los estudiantes el tema de la Encíclica, reconociendo que la Creación es un signo del amor de Dios, un don que Él nos entrega para cuidarla y administrarla.

Mercedes Silva Villacorta

Vertedero incontrolado

Quema incontrolada de basuras

Vertedero incontrolado

Laudato si', objeto de estudio

Laudato Si es una Encíclica escrita por el Papa Francisco, la cual nos habla sobre el cuidado de nuestra casa común: la Tierra. Esta tierra que Dios Nuestro Señor nos dio como un hermoso regalo, para todos, sin límites, para protegerlo, engrandecerlo. Por eso debemos ser agradecidos con Él.

Este documento lo dimos a conocer a nuestros estudiantes, de forma sencilla y creativa, para que ellos pudieran asimilarlo y, al mismo tiempo, concientizarse sobre la importancia que es conservar nuestro medio natural.

Todos los alumnos del primer grado de Secundaria organizaron y reflexionaron el tema con mucha creatividad, participando todos.

Los alumnos de segundo y tercero hicieron murales, llenos de imágenes verdaderas mostrando la realidad de su comunidad: “Requena”, cómo se cuida y cómo se maltrata la naturaleza; uno de los murales que realizaron los alumnos se presentó en la exposición que se hace dos veces al año (que se llama “Día del Logro”) para saber cuánto han aprendido los alumnos.

Desarrollaron interrogantes y redactaron oraciones utilizando algunas frases de esta encíclica.
Muestra de ello, esta que transcribo:

“AYÚDANOS”

Señor, si fuéramos capaces de cambiar nuestro estilo de vida y nuestros hábitos diarios, las empresas dejarían de producir cosas que dañan y destruyen nuestra Naturaleza y la creación.

Señor, necesitamos que nos guíes para caminar hacia una verdadera conversión interior y vivir más por el deseo del corazón y no por la razón.

Ya es hora de vivir con la brisa de la aurora, con la luz del sol que nos ilumina y calienta, con la lluvia que nos refresca y con el viento que nos libera.

Ayúdanos, Señor, a ser personas de bien y a vivir en paz con nuestro medio natural.

Regálanos un nuevo día, cada día, en el que las relaciones de caridad, solidaridad y el amor al prójimo se sitúen por encima de la destrucción, de las guerras interiores y exteriores de todo ser humano.

Niliam Jarith Paredes Sinarahua

La mirada de Jesús

Todas las religiones monoteístas tienen a Dios como el Creador único, absoluto y todopoderoso. Nuestra existencia y la de todo animal, planta y materia depende de ello. Y también coinciden en que es misericordioso con sus criaturas. Tienen igualmente claro, al menos, las dos primeras cronológicamente hablando, que también es nuestro Padre, pero sólo la cristiana le puede llegar a considerar como “papaico”, es decir, como ese ser, que siendo único, absoluto, trascendente y omnipotente, es también tierno y cercano, o, si se prefiere, “tiernico”, es decir, que se deshace en lágrimas cuando sus hijos le desobedecen. Tiene un corazón blando, blando y misericordioso.

Como buen Padre, lo es para toda y cada una de sus criaturas, pues no sería buen padre si hubiera discriminación entre ellas, sería bueno para unas, pero no para otras, Y no sería justo, y la justicia está implícita en la omnipotencia. Es claro que ésta incluye a aquella, pues si no, sería una limitación y ya no sería omnipotente.

Ciertamente cada criatura es distinta y singular de otra, así pues, la ternura de Dios se parece más a la de una madre, es singular y distinta para cada una de ellas, aunque nuestra naturaleza singular (inteligencia, sentimientos,…) pero limitada, nos impida entenderlo.

¡Pero hemos sacado la ternura de Dios a la palestra!, cuando, en general, se le vivencia como ese todoterreno todopoderoso, casi como un tanque que arrolla y amenaza con llevarse por delante lo que le sale al camino. Mas la ternura ¿no es la manifestación de ese corazón blando, que hace que se caiga la baba cuando el hijo hace lo que los padres quieren o desean?

Esto no es algo que, el que suscribe, sepa por ciencia infusa. Soy tan limitado como vosotros, queridos lectores. Me lo ha mostrado uno de los profetas comunes a las tres religiones monoteístas, aunque para la primera, cronológicamente hablando, lo fuera sólo para su generación: Jesús de Nazaret. Quizás él tuvo una ventaja sobre todos nosotros o, al menos, la mayoría. ¡No tenía televisión!

Bueno, entendedlo, no le rodeaba un mundo tecnificado hasta el punto de no poder ver con facilidad la belleza del mundo; ni le envolvía un planeta tan directivamente informado, que le nublase la visión; ni estaba subyugado por la asfixiante desigualdad que crea impotencia. En definitiva, no tenía esa estructura alienante de la corrupción, el engaño que hace que no veamos la belleza y lo positivo del otro; la información parcializada, sesgada y dirigida de las multinacionales; la apretura de los poderes políticoeconómico que intentan dirigir el mundo. Es decir, estructuras, estructuras y más estructuras, de las que si no damos muchos pasos atrás, no somos capaces de percibir con su disfraz del statu quo.

Pero estoy siendo injusto con Jesús, (¡claro, no soy Dios!), porque él tenía otras cosas. No olvidemos que el trabajo en su época era más duro y no tenían sindicatos, ni gremios. Jesús trabajó la mayor parte de su vida, no se nos pase desapercibido. Predicó 1 ó 3 años solamente; y en la Palestina del siglo primero la infancia era corta.

Recordemos que se permitió el “lujo” de quedarse en el templo a los 12 años. Así que habrá que deducir que era ya suficientemente “mayor” para que sus padres no se preocupasen hasta que estuvieron al menos a una jornada de camino. Es decir, ya era trabajador o, al menos, aprendiz, que debía hacer sus “chapuzas” sin la tutela paterna.

O sea, que haciendo cuentas, trabajó unos 20 años al menos. Y el trabajo no era de 8 horas, sino de 12 ó 14. Era también alienante. ¡Y ya estaban estas estructuras operando!

Esto lo indico para señalaros que tampoco tenía mucho tiempo para ver su entorno y la naturaleza. Cierto que ésta se situaba cerca. Con todo, supo estar atento a su entorno y la belleza inherente en lo creado. Nos lo mostró y nos invitó a verlo. Se asombró y maravilló con ello y supo ver el mensaje divino en esa naturaleza.

Diréis los cristianos: ¡claro, era Dios! ¡Craso error!, os diré. No en lo que era Dios, que sí, que lo es, al menos para nosotros. Pero también era hombre. Eso es lo que decimos en el Credo: “Dios y hombre verdadero”. Si era hombre, amaba, sufría, se maravillaba, se sorprendía, pensaba, razonaba, sentía, se apenaba y se compungía como cualquier otro, reía y lloraba. Pero supo ver la huella de Dios en la vid, en el trigo, en el pájaro, en el lino, en las nubes del cielo, en los vientos huracanados y en las olas, en la brisa y en los montes, en la levadura y en la perla. Así pues, su percepción es la misma o similar a la tuya, lector. La diferencia con nosotros estaba en la especial sensibilidad ante la obra de Yahvé, el abba, el “papaico”.

Pero es cierto, Jesús también era hijo de Dios. Quizás la contestación esté en el primer texto de la “palabra de Dios” para las tres religiones. Estamos hablando del Génesis. En él, Dios crea una criatura especial, una especie de demiurgo para que sea administrador y capataz de su creación; un ser, que
aun siendo criatura, fuese también continuador de su labor y que creciera “entre sus manos, la obra de tus manos” (de las manos de Dios). ¡Pero que creciera! ¡No que destruyera!

Por eso, porque estamos destruyendo el mundo, empezando por los demás hombres, tuvo que venir y hacerse uno de nosotros. Nos decimos con frecuencia, en plan defensivo, ¡tú no lo has visto!, ¡no estás en nuestro lugar!, ¡no sabes de lo que hablas! Bien, Jesús sí lo ha visto; el Hijo de Dios ha estado en tu lugar y en sitios peores; sabe mejor que tú de qué habla. Conoce y sufre por la destrucción de las tierras que desertizamos; por la contaminación de los ríos; por la esquilmación de los mares; el maltrato de los animales; y el abuso de nuestros hermanos humanos. Sí, ya era patente en el siglo I. Ya se extendían las zonas desérticas por la sobreexplotación de las tierras. Ya aparece en el nuevo testamento como los apóstoles pescadores volvían con las manos vacías tras una noche de brega. Y nos han contado hasta la saciedad en las películas las peleas de los animales en el circo, y la esclavitud no solo de los que tenían este nombre, sino también de los siervos.

¡No digamos que es Dios y que lo tuvo fácil! No le demos la espalda. Tenemos que recuperar el timón de nuestras vidas y enfrentarnos a los manipuladores para cumplir el mandato de Dios de ser capataces y administradores de la tierra, no explotadores y destructores del mundo. Tenemos que sacudirnos las cadenas de la alienación que ha generado la corrupción. No podemos quedarnos impasibles ante los corruptos que se pasan la bola de unos a otros, para que la justicia se confunda o permita que puedan ser magnánimos, porque al fin y al cabo no han matado a nadie.

¡No es cierto! Sí muere y sufre gente por su causa. El dinero, los bienes que sustraen son bienes comunes. ¡Nuestros bienes! Para hacer carreteras mejores; subvencionar guarderías sociales y colegios dignos; maestros más cualificados,… Luego son culpables de los que mueren en las carreteras, o la quema de nuestros bosques; de desaprovechar el talento de los genios en potencia; del suicidio de los desahuciados; del hambre y las angustias de muchos que han perdido sus trabajos para pagar a esas entidades privadas, mal llamadas bancos, con esos bienes comunes, que por cierto no nos van a devolver nunca.

No quiero desviarme del tema mucho más, sino que se tome conciencia de que lo que hay que combatir es algo más que unos malvados personajes. Algo más gordo que un mero desvió de nuestro bienestar personal. Está en juego nuestra moral, nuestro ser “buenos” chicos…Porque para esto nos creó el Señor, tu Dios. Sí, querido lector, este ser divino, el único que existe, el único que creó verdaderamente, te puso en el primer paraíso para que lo regentes, lo hagas prosperar y cooperes en la creación.

Posiblemente el primer pecado fuese ese, el de desoír la voz de Dios y pretender ser el dueño de lo que se nos dejó prestado, porque el auténtico propietario es el creador y nadie más. Lo otro es corrupción, es coger lo que no es tuyo y actuar como si lo fuese, es alterar la finalidad por la que estabas en la tierra. Por eso no podemos echar balones fuera, diciéndonos: fue Adán.

Por si no lo sabes, el verdadero significado de Adam es el de humanidad. Por ello no está tan lejos de la antropología cuando asegura que los primeros hombres, los australopitecos, no eran uno sino un grupo. Y en el Génesis, lo que nos cuenta era como la humanidad fue creada por Dios, y como la humanidad comió de la manzana, símbolo de algo que no debía hacer, como era maltratar a las creaturas, incluyendo al hermano Abel. No lo vendió a nadie, porque hasta la última mota de polvo la quiere Dios. Pero la quiere, la ama, como el “papaico” que es, con el corazón “tiernico”. Por ello llora y sufre, como cualquier padre y madre que oye gemir a sus hijos. Si eres padre o madre puedes entenderlo cuando ves a uno de tus hijos que hace sufrir y rabiar al otro hijo.

Jesús, que para sus seguidores, resucitó, sigue viendo como esa mala administración está empeorando. Sigue observando como nosotros, Epulones del primer mundo, seguimos mirando a otro lado para no ver a los Lázaros que están literalmente a las puertas de nuestras casas. ¡Sí, literalmente! Tanto físicamente, a la salida de misa o de la mezquita o del salón de rezo, como dentro de las casas, en los reportajes de la tele, en las noticias. Vemos como mueren en pateras; como la hambruna, que provoca la ambición de las multinacionales, se lleva por delante a todo ser vivo, hombres y animales. Y si hacemos algún viaje al tercer mundo, que no nos enseñen el sufrimiento, ¡que venimos para disfrutar, no para sufrir! No sea que el corazón se nos vuela “tiernico”.

Para los cristianos hay menos excusas, porque Dios, con su encarnación, dignificó todavía más la naturaleza del hombre y, resucitando, glorificó a todo el hombre. Nos mostró cuál es el futuro trascendente de cada hombre, si tenemos el valor de luchar por ese mundo que Dios dejó en nuestras manos. Un mundo que era un paraíso para animales y hombres, que hay que recuperar y redimir.

Porque hay quien sueña en un mundo dorado, lleno de placeres solo para el hombre. Nada más lejos de la realidad; la redención prometida es de todo y para todo el universo, incluyendo materia, plantas y animales, no sólo del ser humano. Allí tiene cabida también todo lo creado. Todo puede ser glorificado en y por Cristo, nos recuerda Pablo. Toda la naturaleza correrá la misma suerte que corra cada hombre. Dios hace responsable al género humano, a todo el género humano de lo que pase a la naturaleza. Y Jesús nos llama a ser corredentores con él. ¡Solos no podemos! Jesús solo, tampoco quiere, porque nos ama como hermano nuestro que es y no desea privarnos de nuestra libertad y de tener la posibilidad de alcanzar el nuevo paraíso, la parusía. Si Jesús actuase sin sus hermanos, los hombres, nos impediría conseguir nuestra redención.

Pero el hombre es el único que es responsable; su irresponsabilidad puede arrastrar a la pérdida de esa gloria. Porque el hombre es el único que puede decidir. Hasta ahora, ayoritariamente hemos colaborado en la destrucción. ¿Estamos dispuestos a luchar por alcanzar la gloria de colaborar con el Hijo del Hombre en la redención de la Tierra? ¿Queremos ser dignificados por Dios a través de nuestro hermano profeta Jesús de Nazaret? Pues tú, ciudadano del mundo, siervo de Yahvé, seguidor de Mahoma o imitador de Cristo, salta a las barricadas, nada contracorriente, rompe la alienación, lucha contra la estructura corrupta. Crea comunidad de creyentes en la que las cosas pueden hacerse mejor y ser más justa, rompe el estatus que nos aborrega y atrévete a mirar más allá y a actuar mirando al futuro, al más allá. Sé un San Francisco de Asís, un revolucionario de las estructuras. Otros te seguirán, confía en la bondad inherente de la humanidad, en el espíritu de Yahvé o de Mahoma o bien en el Espíritu Santo, pero ¡actúa!

(Reflexión sobre el apartado VII – La mirada de Jesús – del capítulo 2º Evangelio de la creación de la encíclica Laudato si de “SuperFrancisco”)

Luis de Orte