IN MEMORIAM…

Hermano Jesús Carballo

Mis recuerdos de Jesús van unidos a los otros tres franciscanos (Severino González, José Ramón Palací y Rafael Jover) que dejaron España, finalizando el mes de octubre del año 1958, impactados por la palabra y el testimonio de Mons. Luis Valeriano Arroyo Paniego, primer Obispo Vicario del recién creado Vicariato Apostólico de Requena (marzo 1956). Mucha extensión, poca población y todo por hacer, sin casi manos para trabajar en la viña del Señor.

Por supuesto que mis recuerdos son de años después. Cuando entré en el Seminario Menor de Benissa, en 1963, una de las cosas que más me viene a la mente es que se nos fomentaba el espíritu misionero, con grupos, trabajos, relatos. Y no podía faltar el ejemplo de aquellos tres jóvenes recién ordenados sacerdotes (José Ramón, Jesús y Rafael) y el mayor de todos ellos(Severino González), de quienes se nos contaban muchas anécdotas, los proyectos que realizaban (como la expedición al Huallaga), detalles de sus vidas. En la mente de los niños se encendía una luz y un deseo: ser como ellos, responder a la llamada de Dios, saliendo hacia otros países, para encontrarnos con otras culturas y personas.

No recuerdo bien en qué año, probablemente en 1965 o 1967, alguno de ellos (casi con seguridad, José Ramón Palací) nos visitó en el Seminario y nos habló de la misión de Requena. Cosas de historia, personajes y personas, misiones y trabajos… Mucho se me quedó grabado entonces. Por ejemplo, la admiración por el P. Nicolás Giner. Y mucho además las historias que ellos nos contaron, la relación con la gente de este rincón del mundo.Nos enseñaron fotografías de personas nativas, útiles e instrumentos (fabricados con maderas dulces, como flechas, arcos, macanas; collares, pulseras; vestidos…).

Quiero exponer algunos datos, citados casi de memoria, de la vida del P. Jesús, y sobre todo aquellos recuerdos que perduran, y lo harán por años, en mí y, seguramente también, en muchas personas.

El P. Jesús Carballo Fernández nació en Villar de Domingo (Cuenca), el 14 de septiembre de 1933. Estudió en los Seminarios Franciscanos de Benissa (decía que acompañó a uno de sus hermanos, que era el que iba a ingresar, y se quedó él), Santo Espíritu del Monte (Noviciado), Cocentaina (Filosofía) y Teruel (Teología) y fue ordenado presbítero el 28 de septiembre de 1959, en Teruel.

A finales de 1959 marchó a Perú para integrarse en el recién creado Vicariato de Requena, dispuesto a ir donde la “obediencia le enviara”. Es en esta Iglesia local, el Vicariato de Requena, donde él pasó casi cincuenta años.

Una explicación en la misa Crismal del Jueves santo

Jesús fue enviado a Bagazán, al norte del Vicariato, cerca de donde inicia su curso del Amazonas, uniéndose las aguas del Marañón y del Ucayali.Capital del Distrito de Sapuena.

Jesús no solía hablar de aquella época. Pero, en alguna ocasión, contaba sus comienzos llenos de penuria, con muchas privaciones y hambre, aunque con un ardiente deseo de entrega, de construir, de evangelizar.Tuvo que ingeniárselas para comer (al principio, muchos días, sólo plátanos) y para conseguir un trabajo. Comenzó siendo portero y limpiador de la institución educativa. Cuando el director se dio cuenta de quién era, le dijo que debían cambiar los papeles.

Lo cierto fue que construyó el templo y la comunidad, y una pequeña casa para vivir él. Y creó mucha ilusión en la gente. No fueron tiempos fáciles. Su juventud y las fuerzas le acompañaron, como casi siempre, vivió con mucha intensidad y compromiso.

El P. Jesús con una hermana y el P. Joan Jordi Escrivá

De Bagazán a Requena. Debió ser a finales de abril de 1969.  No sé exactamente la razón de su cambio ni si le fue fácil regresar a Requena. Pero, como siempre vivió, fue fiel a la obediencia. Requena fue su pueblo, su ambiente. Lo fue todo. Aquel tiempo era de mucho cambio: social, educativo, religioso. Eran los momentos posteriores al Concilio Vaticano II.

En Requena asumió el cargo de la Parroquia, también fue  profesor en el PALP y en el Agropecuario. Muchos lo recuerdan de aquella época y comunican algunos detalles y anécdotas.Le gustaba el deporte, el fútbol y la natación. Pero, si tengo que destacar lo que me parece más sobresaliente de los casi cuarenta años vividos por Jesús en Requena, anoto lo siguiente:

Monseñor Víctor de la Peña regresó a finales del mes de marzo de 2005. Su partida fue muy sentida. ¿Era una despedida para unos meses o… para siempre? Había que esperar. Interrogantes en todos nosotros. También en Jesús; en él aumentaban los interrogantes y las preocupaciones. Yo todavía era un recién llegado, pero tenía que aprender a conocer y a implicarme más en esta realidad.

Fue un nuevo comienzo. A mitad de julio conocimos que la decisión de Monseñor Víctor fue presentar la renuncia a la Santa Sede, al no poder seguir con los trabajos apostólicos en su querida misión de Requena. Tantas dolencias le impedían estar al frente y necesitaba descansar, cuidar su corazón. Fue una decisión tomada con paz. Jesús y Víctor habían nacido el mismo día, el mismo mes y el mismo año, aunque no llegaron a conocerse hasta llegar a este Vicariato. Ambos, muy diferentes, se complementaban en muchos aspectos.

El P. Jesús con los PP. José Ramón Palací y Severino

Nueva era también esta etapa en Requena. Aprendí mucho de Jesús, sobre todo su entrega, su indesmayable entrega a la misión, su silencio. Con el paso del tiempo también su salud se fue agrietando, aunque muchos no lo notaran. Ni tampoco él quería mostrarlo. Continuaba con su entrega a la Parroquia, las salidas a los caseríos, los cursillos, etc. Pero, sobre todo desde mediados del año 2007, fueron apareciendo deficiencias, olvidos, cansancios. Había sufrido al menos dos crisis estomacales hacía años. Y ahora se le hizo presente de nuevo, más fuertemente, y tuvimos que trasladarlo a Lima.

Su fortaleza física y sus ánimos le ayudaron a superar muy rápidamente las intervenciones quirúrgicas. Pero durante los viajes fueron apareciendo otros síntomas, que fueron determinantes para su regreso a España, pues necesitaba unos cuidados que aquí son muy difíciles de dar.

Una decisión que él tomó con mucho sufrimiento, dándose mucho tiempo, recibiendo el consejo ante todo de nuestro Ministro provincial. En una reunión celebrada en la Casa de los Hermanos de La Salle, nos comunicó cuál era la decisión y, además, que deseaba no se le hiciera nada (ni homenajes ni despedidas) ni siquiera que se hiciera pública su decisión. Me hizo recordar la partida de Víctor: nadie se enteró y apenas tres personas fueron a despedirse.

Pero con Jesús, aunque todos quisimos respetar su silencio y el deseo de que no se le hiciera ningún homenaje, no ocurrió así. Unas personas movieron sensibilidades y hasta la banda de música; todo parecía una sorpresa, pero los sorprendidos sólo éramos cuatro. Después de comer, nos sentamos un rato queriendo hacer hora para ir con el tiempo justo a la lancha. Al llegar al puente nos vimos en medio de mucha gente, rodeados de muchas pancartas. El “nunca te olvidaremos”, “siempre estarás con nosotros”…

Salir de Requena a mediados de 2008, del lugar en donde vivió y se desvivió, no era fácil. Le acompañaba una hermana Terciaria Capuchina. La comunidad que vino a Requena principalmente por él y que era su hogar. Su hermana Lourdes residió muchos años aquí y siempre velaba por él; también, con mucha delicadeza, lo hicieron todas la hermanas.

Volvió a España y el Ministro provincial aconsejó que se incorporara a la fraternidad de Benissa. En este convento, donde él se sentía seguro, pues fue su primer hogar formativo, pasó todos estos años, con los hermanos Joan Jordi, Juan, Ramón, Estanislao, Pepe. Todos ellos lo cuidaron como auténticos hermanos. Especialmente el hermano Pepe Llorca, que fue todo cuidado, entrega, paciencia. Gracias, Señor, por los hermanos, el don más precioso que nos das.

A comienzos del mes de diciembre de 2016, la gravedad de su estado aconsejó trasladarlo al Convento de Orihuela, donde fue acogido muy fraternalmente por el Guardián y todos los hermanos de la fraternidad. En este Convento falleció el 22 de enero de 2017.

En Requena, el lunes 23 de Enero, celebramos una Eucaristía. A pesar del poco tiempo para comunicarnos, el templo catedral estaba completamente lleno. Un silencio muy respetuoso y una escucha muy atenta a los testimonios que algunos compartieron, caracterizaron la Acción de Gracias a Dios por la vida y la persona de nuestro hermano Jesús.

P. Jesús Carballo en 1999

Y, en el momento de las ofrenda, se presentaron el cordón franciscano, con los tres nudos, que simbolizan los votos de desapropio, obediencia y castidad; las sandalias, que hacen presente el trabajo misionero recorriendo caminos, dejando huellas imborrables en los corazones donde nuestro hermano Jesús sembró amor y esperanza; un cuadro con fotografías suyas, en las que se reflejan la mirada compasiva, la humildad, sencillez y ternura; y el pan y el vino, persona y alimento, vida entregada de Jesús por nosotros para que permanezcamos fieles a Él anunciando su Reino.
¡Descansa en paz, hermano Jesús! ¡El Señor es nuestro Descanso!

Reseña histórica del P. Jesús Carballo

“¡Qué bienvenidos, por los montes,
los pasos del que trae buenas noticias,
que anuncia la paz, que te anuncia tu salvación y te dice:
“Ciudad de Sión, ya reina tu Dios!””
Porque ven cara a cara a Yavé regresando a Sión.
Is 42,7-8

Si aplicamos este texto bíblico a la historia que hizo un hombre llamado Jesús, fraile franciscano, sencillo y pobre, se puede recomponer así: “Qué bienvenidos, por los ríos y caseríos del que trae buenas noticias, que anuncia la paz, que anuncia tu salvación y te dice: “Ciudad de Requena, el Reino de Dios está en esta tierra, reina tu Dios”.

 

2Corría el año 1958, creo por el mes de noviembre, en una tarde calurosa y lluviosa, zarpó del puerto llamado Belén,  de la ciudad de Iquitos, ubicada en la intrincada selva peruana, una pequeña embarcación, “El Arca” que llevaba en su interior a un joven franciscano, de ojos profundos y azules como el firmamento, de rostro fresco, para conducirlo por las corrientes turbulentas de los Ríos Amazonas, Ucayali y Tapiche, hasta una pequeña población, ubicada en el corazón de la hermosa Selva Peruana, habitada por gente sencilla, pescadores-agricultores. Le acompañaban otros dos jóvenes franciscanos P. Palací y P. Jover y el P. Severino veterano misionero en tierras asiáticas .

La extraordinaria belleza del paisaje que lo acompañó a lo largo de su recorrido, extasiaba al hijo de Francisco, que llevaba en su corazón, el recuerdo de su patria sí, pero también la gran ilusión y pasión de todo misionero: dar a conocer  con su vida y su palabra, la hermosa persona de Jesús de Nazaret y su obra Redentora y liberadora.

21_1¡Cuántas cosas pasarían por su mente joven!, ¡cuánto amor inundaría su corazón franciscano y misionero!, y colocando, en las manos de quien lo había llamado, su vida joven, su Sí generoso de entregarse al seguimiento de Jesucristo, viviendo a plenitud, como lo hizo, hasta el final.

Una larga noche de oración, de contemplación y de sueño, largas horas surcando el gran río por la Amazonía peruana. Después de muchas horas en “El Arca” se van acercando a la ciudad de Requena, donde les esperan un enjambre de gente, niños que gritan dando la bienvenida a los nuevos visitantes que compartirán vida y tareas con esa sencilla genta a las que llegará amar, a su manera, pero en entrega incondicional.

Y llegó para quedarse hasta que le faltaran sus fuerzas y cumplió 50 años en medio de aquel pueblo que lo escuchó, que siguió sus orientaciones y que lo amó como a un hermano mayor. Su vida transcurrió compartiendo  su,  fe, su palabra y sus pocos haberes con la gente que asiduamente acudía a él para pedirle su solidaridad, su consejo, su bendición y su Ministerio sacerdotal, en medio de  la sencillez, la pobreza y la fraternidad.

Jesús, con su testimonio y estilo de vida sencillo, fraterno, descomplicado,  invitó a las Terciarias Capuchinas a vivir la aventura del Evangelio en la Selva Peruana y las Hnas. Colombianas junto a su hermana Lourdes aceptaron el reto y fueron. Y allí empezó esta andadura en compañía de los Franciscanos. Jesús fue para con nuestras Hnas. Misioneras padre y hermano, derrochó fraternidad, acogida, acompañamiento, estímulo, ayuda aun económica; sufría si algo les faltaba. Salía oportunamente al encuentro de todo aquello que redundara en bien de la gente, de todos y de los proyectos de la misión. Un Sacerdote, Hermano y misionero a cabalidad.

2

Fue un verdadero hijo de Francisco, hermano de todos, de los hombres y mujeres de aquel hermoso lugar. Navegó por los ríos que bañan la enmarañada selva, manejando él mismo, su “fuera de borda” y sembrando la semilla del Evangelio, por los caseríos que se encontraban en las orillas de los Ríos. Fue un incansable misionero, su vida entera la dedicó, además, a la formación de líderes campesinos y animadores de la Palabra de Dios, promotores de salud, para que en los lugares a donde él no podía llegar frecuentemente, fueran asistidos espiritualmente por estos hermanos. No escatimó sacrificio siempre que fuera para promoción de una vida más digna para todos, aun sabiendo que muchas veces lo engañaban.

 En el pueblo nunca descuidó su sagrado Ministerio Sacerdotal, en cada homilía, que siempre fue clara, precisa, concreta, corregía, instruía, orientaba y enseñaba lo que el Evangelio decía, iluminando la realidad con ella. Supo siempre acompañar al moribundo con su presencia y llevándoles el consuelo de la Unción sin mirar hora ni condición de quien se lo pedía. Le solían decir: “padrecito, ven, tú tienes buena mano para enviarlo…”.

Fue amigo de los niños y jóvenes a quienes él mismo preparó, por varias generaciones, para intentar que fueran mejores cristianos, animándoles a que pertenecieran al grupo juvenil o para ser catequistas.

Gracias Jesús, por tu vida hecha entrega, por tu palabra hecha bendición, por tus sabias orientaciones.  Gracias por entregarte de la manera como lo hiciste, respondiendo, aun a pesar de tu genio fuerte, a la gente que te buscaba para encontrar en ti consuelo y perdón y a la que por encima de todo respondías con mucha paciencia. Gracias, porque llegaste joven, lleno de vida y de virtud y saliste enfermo, anciano, con tu cabello blanco, tus pasos vacilantes y tu corazón arrugado y lleno de rostros y del amor, que siempre supiste dar,  como signo de una entrega sin reservas, sin egoísmo, sin reclamos, sin esperar  recompensa de ninguna clase y sin hacer ruido… Lo mismo viviste los últimos meses de tu existencia terrena entre tus Hermanos de Benissa y Orihuela. Gracias HERMANOS por vuestro servicio y detalles con mi querido hermano Jesús.

Jesús ¡Disfruta ya para siempre del gozo de tu Señor!

Lourdes Carballo